TRAUMA PSICOSOCIAL, TRASTORNO DE ESTRES POSTRAUMATICO Y TORTURA

Material de consulta

TRAUMA PSICOSOCIAL, TRASTORNO DE ESTRES POSTRAUMATICO Y TORTURA

Carlos Madariaga,

CINTRAS Centro de Salud Mental y Derechos Humanos, Chile, 2002

Al interior de los equipos que trabajan en la asistencia médico-psicológica de las personas afectadas por secuelas psíquicas de la tortura en nuestro país, en los últimos años ha sido una preocupación constante la discusión en torno a ciertas categorías que surgen desde la nosografía psiquiátrica -como la del trastorno de estrés postraumático (TEPT)- que han sido propuestas como modelo descriptivo o interpretativo del conjunto de efectos que este acto de violencia produce en el funcionamiento psíquico. El TEPT es, tal vez, la entidad nosográfica que con más frecuencia es postulada para cumplir esta función diagnóstica, con la pretensión de obtener con este marco conceptual un modelo que, fuera de operacionalizar este aspecto de la práctica psiquiátrica en el campo de la salud mental y los derechos humanos, cumpla una función sistematizadora, abarcativa y generalizadora de las
perturbaciones que la tortura y otras formas de violaciones al derecho a la integridad física, psíquica y moral producen en el psiquismo de los individuos. Se abre así una interesante discusión acerca de la probable existencia, en la persona torturada, de un conjunto de síntomas, procesos psíquicos, perturbaciones mentales o como se les quiera llamar, reconocible en la práctica médica a la manera de un trastorno o síndrome, adecuado para el ejercicio de la tarea diagnóstica.  La experiencia chilena, desde el golpe militar de 1973 a la fecha, ha acumulado un quehacer, por casi un cuarto de siglo, de profesionales independientes y equipos de salud mental que han estado dando asistencia médico-psicológica a personas torturadas e investigando constantemente sus efectos traumáticos. Este ejercicio práctico- teórico ha producido un cierto saber que nos parece puede aportar al debate propuesto en este trabajo. Este saber está conformado por diversas -y muchas veces contrapuestas- miradas, discursos, métodos de trabajo, epistemologías, visiones político- ideológicas, técnicas de intervención psicosocial, etc. Precisamente esta diversidad de planteamientos ha enriquecido una discusión que interpela, en su esencia, cuestiones teóricas y de método en relación con la tortura como objeto particular de estudio de la psiquiatría, la psicología, la psiquiatría social y la psicología social. Complejidad que surge del hecho que nos aproximamos al pathos tortura -
fenómeno esencialmente sociopolítico- desde los campos de las ciencias biomédicas, psicológicas y sociales, con la permanente preocupación de evitar reduccionismos en cualquier sentido. En un extremo, hegemonizado por los discursos propios del modelo médico, el reduccionismo más temible es el que medicaliza la tortura, transformándola en una constelación sintomática del dominio exclusivo de la psiquiatría. En el otro extremo, aquel reduccionismo que surge desde ciertas prácticas políticas que sobreideologizan la experiencia personal y social de la tortura al punto de subestimar o desconocer la especificidad y singularidad de los procesos médicos, psicológicos y psicosociales que gatilla.

Para seguir leyendo descarga el PDF

Download attachments:

Last modified onWednesday, 02 March 2016 13:35
(0 votes)
Read 498 times